A veces siento que el periodismo es una enfermedad que se te va extendiendo en el cuerpo y no se va nunca más. Cuanto más aprendí a escuchar a alguien, más empecé a aplicarlo en todos los que conocía. Cuanto más aprendí a buscar la respuesta que quería, más empecé a encontrarla en cualquiera, aún sin buscarlo.
“No desperdicies nunca un silencio: son respuestas, contundentes, directas. No necesitan análisis. El silencio es una respuesta”, me dijo un profesor de la facu una vez.
No hay nada más rotundo que el silencio. Puede llamar a lágrimas, puede dar todo dicho, no tiene lugar a interpretación.
Silencio que nos dejan los muertos cuando se van. Silencio que hace que las voces de la cabeza se escuchen cada vez más fuerte. Silencio que viene asociado a lo limpio: no contamina, no ensordece, no exagera, no minimiza.
El silencio no miente. Es natural y la mayoría de las veces duele. Supongo que a veces es lo único que nos rodea.
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