Valfierno

18 ene

El chico entendió que vivía en una ciudad – o poblacho, o lugar – que podría haber sido otra: que el hecho de que viviera en esa ciudad era un azar pero, sobre todo, que esa ciudad no era el único lugar en el mundo o, mejor, que esa ciudad que llamaban Rosario no era el mundo.

Es un choque: para un chico es un choque cuando entiende que el lugar donde vive es uno entre muchos, que podría haber vivido en tantos otros. No es que podría vivir en tantos otros: eso viene después; al principio el choque es aprender que las cosas pueden ser como son o de mil formas.
Cuando cae en la cuenta, consecuentemente, de que nada debe ser como es. Dicho en palabras que el chico no usaría: que no hay necesidad.

Durante buena parte de su vida como chico, un chico cree que todo lo que lo rodea es irremplazable, necesario: sus padres o lugares o maestros, su calidad o sus juguetes. Después, de a poco – y finalmente un día, de golpe – un chico entiende que son una posibilidad entre infinitas otras.

Ni pelos de la barba ni patinazos de la voz ni granos: es el descubrimiento de su condición intolerablemente caprichosa lo que hace que un chico, si acaso, deje de ser chico. Aunque algunos afortunados ni aún así.

¿Será que nos importan sólo las cosas que están a punto de romperse?

Valfierno -Martín Caparrós

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Buena suerte y hasta luego

13 ene

Dijo Cele en su perfil de Facebook:

“Cambiar de trabajo es horrible y genial a la vez. Horrible porque voy a extrañar muchisimo mil la agencia y a mis compañeros que a lo largo de estos casi dos años, se convirtieron en una pseudo-familia. Y genial, porque vienen un monton de cosas nuevas, gente nueva, desafios nuevos, mucho aprendizaje y crecimiento”

Al instante hizo que me viera todas las veces que cambié de trabajo. Tengo 21 años, comencé a los 17 y tuve que despedirme dos veces de gente a la que consideraba mi familia, porque incluso pasábamos más tiempo juntos que con los sanguíneos.

En el post que hice cuando me fui de mi primer trabajo contaba que, mientras esperaba a que entregaran mi telegrama de renuncia, escuchaba cómo el empleado ponía los sellos en todas las copias. Salí del correo llorando, con el papelito en la mano y sin saber cómo decírselo al resto. Después de eso no había vuelta atrás ni “quedate” que valga.

Fueron tres años en que se preocuparon por mí, por mi carrera y por lo que me pasaba, aún más que mi propia familia. Me enseñaron a ser buena compañera, a respetar los horarios y los humores de cada uno y a aplicar todo eso que en la calle se dice “códigos”: no cagarse ni en el laburo, en la plata, en los sentimientos ni en la reputación de otro.

El último día no podía parar de llorar. Sentís que los brazos no te alcanzan para abrazar todo lo que querés. Cada vez que me decían que no llore, que no me vaya o que me iban a extrañar lloraba cada vez más. Lo más simbólico siempre es desarmar tu escritorio u oficina. Cuando te vas con tu cajita de cosas no hay nada más tuyo ahí y ya no te esperan al otro día.

Después del primer trabajo la despedida es más fácil, aunque siempre queda la congoja de tener que decirle a alguien con quien compartís muchas horas que ya no se van a ver más.

Llegué al segundo trabajo con mucho miedo y muchos cambios: pasé de una empresa de miles de empleados y legajos a una oficina chiquita de todos hombres. Al principio me miraban raro y se notaba que estaban incómodos pero después pasamos horas geniales todos juntos (y hasta me llegaron a decir “esto es una cárcel de varones sin vos” cuando me fui). Ahí creé el hashtag #mividaconellos.

Lo más lindo de irte de los lugares es que es como pasar un filtro: queda solamente lo importante. Sí, hay gente que no vas a perder y otra a la que no vas a ver más. Algunos que te van a llamar sólo cuando necesiten algo y muchos otros que van a preguntar constantemente cómo estás y van a extrañar lo que hacías para el conjunto, porque todos tenemos un rol en esa familia grande que es el trabajo.

Ahora me gustaría ponerle una mano en el hombro a Celes, porque sé que al menos como mujeres se nos cruzan muchos sentimientos: alegría por lo nuevo, tristeza por tener que irse, miedo de no encajar en el lugar nuevo, miedo a que nuestros amigos se olviden de nosotros, miedo a que la gente nueva no se lleve bien con nosotros.

Cada tanto pasar por tus lugares de antes es como un mimo. No hay nada más lindo que que se acuerden de vos, te llenen de abrazos y te digan un “¿cuándo salimos?” a modo de reclamo. Se te vienen todos los recuerdos de ese lugar, generalmente los buenos. Hacelo todo lo seguido que puedas y que puedan recibirte.

Y por el lugar nuevo: ¡no tengas miedo! Acordate de cuando fuiste a la oficina de la que te estás yendo ahora por primera vez. Seguro no fue fácil, pero es cuestión de tiempo para encontrar tu lugarcito. Todo eso que te molestaba de la antigua, no va a estar más. Seguramente tengas otras cosas para refunfuñar, pero todo a su tiempo.

Por último: pensá que cada lugar que dejás es una etapa. No dejás un lugar ni una relación sin haber crecido al menos un poquito, así que ahora vas a encarar una nueva etapa mucho mejor preparada que hace dos años. Y seguro te va a ir bien :)

Y todos ustedes que leen esto, ¡dénle ánimos a Cele en su nueva etapa! :)

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Silencio

13 ene

A veces siento que el periodismo es una enfermedad que se te va extendiendo en el cuerpo y no se va nunca más. Cuanto más aprendí a escuchar a alguien, más empecé a aplicarlo en todos los que conocía. Cuanto más aprendí a buscar la respuesta que quería, más empecé a encontrarla en cualquiera, aún sin buscarlo.

“No desperdicies nunca un silencio: son respuestas, contundentes, directas. No necesitan análisis. El silencio es una respuesta”, me dijo un profesor de la facu una vez.

No hay nada más rotundo que el silencio. Puede llamar a lágrimas, puede dar todo dicho, no tiene lugar a interpretación.

Silencio que nos dejan los muertos cuando se van. Silencio que hace que las voces de la cabeza se escuchen cada vez más fuerte. Silencio que viene asociado a lo limpio: no contamina, no ensordece, no exagera, no minimiza.

El silencio no miente. Es natural y la mayoría de las veces duele. Supongo que a veces es lo único que nos rodea.

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Sexy #4

11 dic

 

…ignorar lo que dice el resto y llevarse las cosas un poquito por delante, sin que se haga costumbre.

Cromosumas

28 nov

“Tu coraza se engancha al cerrar la puerta. Tiras de ti. Ya estás conmigo: desnuda de costillas para dentro. Te miro a través del espejo y pienso en cromosomas (tú y yo somos cromosomos; sumas cromáticas, cromos somáticos). Tú eres X. Yo soy Y.  Mi taxi, célula viva en sangre de asfalto.

- A la Cuesta del Sagrado Corazón – me indicas. O suplicas.

Y con eso lo dices todo. Ya sé que Cuesta alcanzar tan Sagrado Corazón. No es fácil sucumbir al encanto de la sangre que brota por otras venas que no son tus venas. Todos somos frágiles en las distancias cortas, todos necesitamos ser alguien en la mente de alguien, ocupar el espacio y el tiempo de otros, sentirnos arropados en tiempos bajos. No soportamos el olvido absoluto, creer que nadie piensa en tu existencia, que nadie piense en ti cuando tú piensas en los que piensan. Sólo haría falta un solo gesto, dejarte pisar por alguien ante la simple necesidad de escuchar un perdón. Llamar a quien sea para sentir una voz en exclusiva. O tomar mi taxi y que yo sucumba a tu destino aun siendo cerca y no tener prisa y poder ir caminando.

Ni te imaginas lo solos que nos creemos a veces. Ni te imaginas lo que somos capaces de hacer para seguirnos creyendo existentes ante los ojos de quien sea. Ni te imaginas lo poco que nos queremos en las grandes ciudades. Ni te imaginas lo vacías que están las grandes ciudades

(extraído del gran, gran blog “Ni libre ni ocupado“)

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Causalidades

25 nov

La sincronicidad, denominado por la mayoría de las personas como “casualidades” es el principio que rige esa serie de circustancias y acontecimientos que nos pasan en el momento justo, en el lugar idóneo, en la situación perfecta.


Cuando sin saber por qué las cosas nos llegan cuando las necesitamos, nos encontramos con alguien que nos resuelve un problema cuando acabamos de pensar en él o aparece la puerta abierta perfecta para el siguiente paso tras haber completado el anterior, eso es la sincronicidad: la sucesión de acontecimientos sincronizados en pos de un objetivo marcado, consciente o inconsciente, que tachamos de casualidades.

Es por esto que dejan de ser casualidades y son causalidades.

Como decía Paulo Coelho en El Alquimista: “cuando deseas algo, todo el Universo conspira para que lo consigas“.

 

Karina Thurler

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Respuestas

19 nov

De chica, me dijeron que los ángeles ponían en la boca de quienes escuchabas las palabras que necesitabas en el momento exacto. Después de mucho tiempo, entendí por qué me lo habían dicho y comprobé que era cierto, sean ángeles, destino, Dios o lo que fuera que creas.

Tengo la capacidad, profesionalmente adquirida o no, de retener ciertas frases claves en las cosas que me cuentan. Es como si dentro del ruido de la conversación se resaltaran palabras para que haga un alerta mental o volver sobre ese punto, porque suele ser la raíz de la charla pero escondida entre construcciones verbales con poco sentido.

Creo que a veces la clave es no llenarse de ruido cuando buscamos una respuesta, sino que sola va a venir a nosotros, sea en forma de una película, un libro, algo que alguien dijo al pasar sin que lo preguntáramos o actitudes que tienen con nosotros; es aún más sorprendente saber que la mayoría de las soluciones están dentro nuestro, y no en los lugares donde solemos buscarlas.

Hoy, mientras viajaba a casa, vi a un hombre de no más de cuarenta años tocar la guitarra bajo el sol en una plaza rodeada de autos y colectivos que van y vienen. A su alrededor, sin embargo, había otra atmósfera: no estábamos quienes lo veíamos como a un loco, ni los colectivos, ni los autos, ni el ruido. Eran él, su guitarra y sus melodías. Sus sentidos estaban todos puestos ahí y no en el afuera, ese afuera que, mal que mal, sólo interrumpe de pasada.

Y a veces siento que vivimos pocos momentos así: nos enfocamos más en los colectivos, en los bocinazos y en las cosas periféricas que en lo que nos pasa a nosotros mismos. Despreciamos lo que podemos pensar y nos llenamos de opiniones del afuera, sin saber que no hay nadie mejor que uno mismo para saber qué necesitamos.

¿Qué necesita tu cuerpo? ¿Qué estás haciendo para afinar esa guitarra que es tu día a día? ¿Estás tocando la melodía que querés? ¿Estás lastimándote para que no se enoje alguien más? ¿Estás buscando calma en el lugar equivocado o tenés la suficiente capacidad para abstraerte en medio de la vorágine?

Fueguitos

8 nov

“El mundo es eso. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales.

Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores.

Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas.

Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.”

Eduardo Galeano

Bad dream

7 nov

 

 

... but I just feel too tired to be fighting,

guess I’m not the fighting kind…

¿Qué verbo sos?

20 oct

Dice el Diccionario filológico-comparado de la lengua castellana:

“La palabra querer viene a ser la más genérica de todas, pues abraza a nuestros deseos, sean más o menos fuertes; así decimos quiero pasearme, quiero tratar con fulano o zutano, como quiero ser rico, quiero un empleo, quiero hacer fortuna.

El deseo es un acto más positivo, más decidido de la voluntad: por poco que se incline ésta al deseo, ya comienza a haber pasión, y según los objetivos con que se acompañen serán mayores o menores, fuertes ó moderados los deseos. Tengo deseo vehemente de tal cosa; en este caso ya es pasión manifiesta.

Cuando el deseo es extremado se convierte en una pasión decidida, en una necesidad imperiosa que llamaremos ansia, pues que el ansia nos hace sufrir angustia interior del ánimo, pena y aflicción, hasta que alcanzamos lo que apetecemos.

Siendo cosa natural que procuremos lograr lo que deseamos, preciso es hacer todos los esfuerzos posibles para ellos, y a estos esfuerzos llamamos anheloanhelar, que es trabajar eficaz y tenazmente por satisfacer y calmar nuestras ansias.

Cuando no creemos probable o fácil lograr aquello por lo que anhelamos; al mismo tiempo que crecen nuestros deseos, decae nuestro ánimo y se debilitan nuestras esperanzas, y entonces como desanimados suspiramos por satisfacerlos. De todos estos deseos, el mas culpable es siempre la codicia, que se define apetito desordenado de cosas no necesarias, ilícitas y prohibidas”

 

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